“Chicas nuevas 24 horas”, el ambicioso documental de Mabel Lozano sobre la trata de mujeres y niñas

El pasado mes de septiembre se estrenaba en la Cineteca de Madrid la película documental “Chicas nuevas 24 horas”, dirigida por Mabel Lozano y que se interna en uno de los negocios ilícitos más lucrativos del mundo, la trata de mujeres con fines de explotación sexual.

Mabel Lozano ha rodado para este documental en Colombia, Perú, Argentina, Paraguay y España, para transmitir un mensaje: estamos ante un fenómeno de carácter global, que alcanza la totalidad del mapa del mundo. Y lo hace aterrizando sobre un buen puñado de puntos locales de conflicto, donde asistimos a la cara más dura y despiadada de esta forma de violencia contra las mujeres.

“Chicas nuevas 24 horas” centra su discurso en mostrar la trata de mujeres como un descomunal negocio transnacional que mueve cada año 32.000 millones de dólares. Un negocio en el que la materia prima son las mujeres y las niñas, que son explotadas y exprimidas de manera salvaje hasta optimizar su rendimiento económico. Un negocio en el que la materia prima puede ser utilizada una y otra vez, maximizando el lucro. Y si se agota o no sirve, es desechada sin más trámite.

Para visibilizar la naturaleza económica de este fenómeno, Lozano utiliza como elemento conductor una simulada escuela de negocios en la que la formadora instruye a sus alumnos sobre las enormes ventajas de un negocio redondo: la trata de mujeres.

A lo largo de toda la película, Mabel Lozano exhibe una capacidad de producción realmente notable que hace de este documental un proyecto potente y de gran ambición.

“Chicas nuevas 24 horas” se interna por ejemplo en la realidad existente en el conocido como Kilómetro 106, en una carretera del departamento amazónico de Madre de Dios, en Perú, donde al abrigo de un negocio de extracción minera ilegal se asienta un espacio de impunidad para la explotación de mujeres y particularmente de niñas y adolescentes que son previamente captadas en los pueblos y aldeas de la sierra. Y todo con la colaboración, silencio, complicidad o tolerancia, según el caso, de todo actor social imaginable.

Con suerte algunas de las víctimas acabarán recogidas por la Asociación Huarayo, de Mazuko, localidad del citado departamento peruano, donde intentarán ayudarlas a recuperarse. Hasta aquí llega Mabel Lozano, recogiendo testimonios de gran valor, de las personas que, con pocos medios y en una enorme soledad, hacen frente a esta realidad. Y recogiendo las voces de las chicas que lo sufrieron en primera persona, las voces de las víctimas.

En “Chicas nuevas 24 horas” se visibiliza también el puente aéreo de la trata entre Paraguay y España, una conocida ruta de esta siniestra geografía, que cuenta en su estructura delictiva incluso con agencias de viajes preparadas para completar, burlando obstáculos legales y riesgos, la distancia entre Asunción y Madrid, entre la localidad de Atyrá, en la cordillera paraguaya de Altos, y cualquiera de los tantos clubes de carretera en España.

En ese escenario global, la película recorre paisajes urbanos, naturales y humanos muy diversos para hablar de una misma realidad, alternando testimonios relevantes con las escenas de la ficticia escuela de empresarios y constantes metáforas visuales y sonoras que refuerzan a cada rato los mensajes que la película quiere transmitir.

“Chicas nuevas 24 horas” ha contado con la colaboración y el testimonio de figuras importantes  en la lucha contra la trata. Es el caso de Teresa Martínez, Fiscal de la Unidad contra la Trata en Paraguay, y de Beatriz Sánchez, Fiscal Delegada de Extranjería en Madrid.

La cinta incluye documentos de gran interés como el alegato de la fiscal Sánchez en el juicio oral a la familia Raducan en la Audiencia Provincial de Madrid, por constituir una red de trata de seres humanos que esclavizaba a mujeres y niñas, y que terminó con varias condenas de cárcel.

La directora Mabel Lozano es asimismo valiente al apuntar a los medios de comunicación por su responsabilidad en el negocio. Andrés Colman, redactor del diario Última Hora de Paraguay, afirma que la publicidad de contactos sexuales genera en la prensa europea ingresos por valor de 40 millones de euros. Pese a que estos avisos comerciales encubren en muchas ocasiones posibles situaciones de trata, periódicos del prestigio de El País o El Mundo en España no renuncian a seguir recibiendo este dinero.

Con todo este material, “Chicas nuevas 24 horas” nos acerca a una realidad muy sórdida y muy próxima.

No es ni mucho menos la primera vez que Lozano dedica sus esfuerzos a la trata de mujeres con fines de explotación sexual. Su trayectoria exhibe un claro compromiso en la lucha contra este fenómeno, como demuestran su participación en numerosas campañas de sensibilización, así como sus anteriores trabajos, como el largometraje documental “Voces contra la trata de mujeres” y los cortometrajes “Isabella” y “Escúchame”.

“Chicas nuevas 24 horas” es un proyecto que se extiende más allá de sus 70 minutos de metraje. Junto a esta versión se ha creado otra más reducida de 55 minutos para facilitar el acceso de la cinta a las televisiones. Además, el proyecto incluye una exposición fotográfica que ya está en ruta e integra la novela “Puta no soy”, escrita por la periodista Charo Izquierdo a partir del relato de la protagonista peruana del documental.

Pero la mayor ambición de Mabel Lozano con este proyecto posiblemente se refleja en el anuncio que dio en la presentación de la película en Madrid: este documental estará disponible, en quechua y en guaraní, en las escuelas de Perú y Paraguay, con el firme propósito de ayudar a que menos niñas y menos adolescentes acaben cayendo en las manos de los tratantes.

La imagen que sirve de logo de “Chicas nuevas 24 horas” no deja lugar a dudas: un código de barras como el que se encuentra en cualquier mercancía, tras el que se pueden ver las siluetas de varias mujeres. En el dibujo, en una nueva metáfora visual, las barras negras de la etiqueta comercial son, a la vez, los barrotes de sus celdas y las barras de hierro alrededor de las cuales deben bailar cada noche.

Un inmenso negocio. Un gigantesco mercado de esclavas. Muy cerca de nosotros.

 

Pincha aquí para visitar la web del proyecto “Chicas nuevas 24 horas”. >>

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~ por refugiadosenelcine en octubre 8, 2015.

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